Los problemas se adueñaron de su vida

Con solo 12 años, Verónica tenía problemas en casa que la hicieron caer en una profunda tristeza. Fruto de su inmadurez, con 14 años, empezó una relación en Ecuador, y a los 15 se quedó embarazada. Quería salir de casa y pensó que esa era la solución, pero él la fue infiel, se separaron y ella huyó de nuevo: decidió venir a España. Las dificultades crecieron porque se sentía muy sola. “Fui al médico y me diagnosticó depresión. Me mandó unos medicamentos, pero eran muy fuertes y me dejaban prácticamente drogada”, relata.

No se sentía a gusto en ningún sitio, los trabajos que conseguía los perdía rápidamente porque no la motivaban. Como persona estaba completamente anulada no solo porque fracasó sentimentalmente sino porque durante esa relación su expareja la repetía constantemente el mismo discurso. “Él siempre me decía no sirves, no vales, no puedes. Siempre palabras negativas. Al ver que ciertas áreas de mi vida: económica, sentimental, etcétera no funcionaban empecé a creérmelo y me hundí”, recuerda emocionada nuestra protagonista.

Sin darse cuenta desatendió a quién más la necesitaba: su hija. “Con mi niña tampoco iban bien las cosas porque al estar con depresión, sin ganas de vivir, le transmitía eso a ella. Me descuidé como madre, no la atendía, empezó a bajar las notas en el instituto… Era una niña que prácticamente se estaba criando sola”, afirma.

Una noche que no podía dormir, encendió la televisión y vio un programa de La Mano que Ayuda que captó su atención. Una mujer estaba narrando cómo superó sus problemas gracias a la ONG y Verónica se sintió identificada. Así que decidió acudir. “Me llamó la atención cómo me atendieron cuando llegué por primera vez, la cercanía que me mostraron y la manera de acogerme. Yo no conocía de nada a las personas, ni me conocían, ni sabían mi caso, ni nada, pero me hicieron sentirme bien”, señala Verónica.

Empezó a tener esperanza. Y un poco más tarde empezó a experimentar los cambios en su vida. “Hoy me siento con ganas de vivir, tengo fuerza, la relación con mi hija ha cambiado muchísimo. Además, en todas las áreas de mi vida voy avanzando, ya no hay aquel miedo, hoy soy distinta. Hoy, estoy viva”.