Durante el tiempo en el que Lara estuvo apartada del Centro Cristiano de La Mano que Ayuda, su vida fue, literalmente, de mal en peor.

«Sentía una tristeza y un dolor profundos en el alma. Pasaba los días y las noches llorando. Deseaba morirme, hasta el punto de pedírselo a Dios todos los días. Tenía muchas pesadillas, que me hacían levantarme muy cansada y angustiada. Muchas veces, tenía la impresión de que oía a mi madre llamarme pero, cuando le preguntaba, ella decía que no me había llamado.

Era muy insegura, hasta el punto de salir de casa y tener que volver incontables veces para comprobar que había dejado el gas y la luz apagados. Si no lo hacía, me quedaba angustiada y con miedo de que pasase algo. Estaba enfadada con mi padre porque creía que a él no le importaba. Nadie sabía lo que me pasaba pero el dolor en mi alma era tan profundo que nada me alegraba ni me hacía sonreír.»

EL PERDÓN
«Cuando volví al Centro Cristiano de La Mano que Ayuda, del que me había apartado durante 7 años, poco a poco me fui limpiando y, cada día que iba, me sentía más aliviada. Después de unos 3 meses, volví a sonreír de nuevo. Hoy, estoy libre de todas las perturbaciones, ya no soy insegura ni fría. Perdoné a mi padre y nuestra relación está completamente restaurada. Ahora, valoro y respeto a mis familiares. Soy muy feliz, no tengo ningún deseo de morir, al contrario, quiero vivir.»

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