No me voy a referir al conocido y grave deterioro físico, personal, familiar, social y laboral que implica el alcoholismo.

Cuando el alcohol domina los pensamientos, deseos y dirige el comportamiento, de tal modo, que “el beber” se convierte en lo más importante de su vida, perdiendo la libertad de abstenerse de beber… Hablamos de alcoholismo.

Un adicto no se convierte en ello de la noche a la mañana. Existe una progresión y un aprendizaje. “Aprende” que el alcohol le da “poder/control” sobre la situación y sus sentimientos, entonces, repite la conducta de beber para conseguir los mismos resultados. Empieza a consumirlo en otras situaciones esperando tener los efectos positivos y pasa de ser un complemento a reuniones, fechas especiales… a una necesidad para conseguir los efectos (escapar de los problemas, tener “valor”…). Durante este proceso psicológico, la parte física también se está adaptando y ya no reacciona frente al alcohol como una sustancia tóxica; ahora, necesita más cantidad para conseguir los mismos efectos físicos y emocionales (tolerancia).

Bajo los efectos del alcohol, se vive en un mundo irreal, ilusorio, con el razonamiento completamente anulado; sin embargo, el alcohólico, sólo percibe el error cuando los efectos de la bebida han desaparecido.

Se produce una permanente disonancia cognitiva (lo que piensa que debe hacer, no se ajusta con lo que realmente hace, por lo que se siente mal): “Es consciente de que el alcohol le produce daños pero sigue bebiendo y, después, se siente mal por beber”.

Como rasgos muy generales destacaríamos: Irritabilidad, cambios bruscos de humor, ansiedad, culpabilidad, celopatía, inseguridad, desgana y despreocupación, falta de sinceridad y de maduración, depresión, desesperanza, pena, soledad y vacío interior, escasa tolerancia a la frustración, miedos, inferioridad y timidez, inmadurez y dependencia.

La persona alcohólica debe reconocer que necesita ayuda. Cuanto antes se obtenga ayuda, mejores y mayores son las probabilidades de que se recupere exitosamente.

Maribel Salvo
Psicologa y Vicepresidenta de LMQA

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