La queja es un hábito común, sobre todo en las personas amargadas y pesimistas, a quienes les encanta quejarse, hasta tal punto, que buscan y buscan de qué hacerlo para así tener un tema de conversación, generalmente negativo, que no conduce a nada, excepto a sentirse el centro de la pena ajena.

Todos sabemos que quejarse no sirve de nada, no cambia las situaciones, ni mejora las cosas, es más, en todo caso lo empeora; sin embargo, hay a quienes les agrada poner de manifiesto que la realidad nunca les agrada, llegando, inclusive, a transformar en negativo lo positivo; a través de los “sí, pero…”

La queja no resuelve nada porque es inoperante, no aporta soluciones, es el recurso de quienes no se atreven a cambiar lo que no les agrada.

Aunque no seas consciente de ello, los chismes y las críticas también son quejas referentes a los defectos que tienen los demás, según tu propia opinión, y que te convierten en un juez implacable.

Creas tu vida, tu salud, la sociedad en la que vives… con cada pensamiento. Quejarte es concentrar la atención en lo malo, en lo que no deseas y, con la queja, lo refuerzas y lo expandes.

Cada persona somos una célula del organismo social y, cuando una célula de un organismo cambia, todo el organismo cambia y puede contaminar a todos los organismos que están a su alrededor. La queja es contagiosa y predispone a los demás a hacer lo mismo; tiende a expandirse como un reguero de pólvora, se enquista y se convierte en una forma de ser general.

El quejoso no actúa, lo que intenta, a través de la queja, es liberarse de sus tormentos, aunque nunca lo logre. Si bien en un primer momento las quejas pueden tener un beneficio secundario al obtener respuestas de compasión y pena, evitar realizar tareas indeseables, atraer la atención y evitar hacer lo que corresponde; a la gente no le gusta estar con personas que siempre se están quejando.

Una primera medida para convertirse en alguien que no se queja es evitar a las personas quejosas, criticonas y chismosas ¡Apártate de ellas!
Y, empieza hoy, a no quejarte de nada en absoluto: Ni del calor, ni de la crisis, ni de los dolores que no hacen otra cosa que agravarse con cada queja, ni de tus compañeros, amigos, familiares… ¡ni de ti mismo/a! Simplemente ¡Haz la prueba!

Maribel Salvo
Psicóloga y Vicepresidenta de LMQA