Reflexionando sobre por qué no alcanzamos nuestras metas, me di cuenta de que cuando deseamos algo con todo nuestro corazón, a su vez, ese deseo va acompañado de aspectos, a veces inconscientes, que nos limitan: El miedo a los cambios, la comodidad de permanecer donde estamos, el placer de recibir cuidados y atención cuando estamos enfermos o cuando las cosas nos salen mal, la alegría de recibir más atención cuando jugamos el papel de víctimas; en resumen, recibimos muchas recompensas a nuestra pasividad, acomodación y estancamiento.

La verdad, somos seres muy contradictorios. Queremos las cosas y lloramos por nuestra situación pero, a la hora de la verdad, hacemos todo lo posible para no lograrlas, para “quedarnos como estamos” y continuar atrapados en nuestra rutina tortuosa.

¿Y por qué? Simplemente porque no requiere ningún esfuerzo de nuestra parte. Mientras que obligarnos a hacer más cosas, motivarnos, movernos, esforzarnos, luchar, etc., ¡nos agota tan solo de pensarlo!

Pero, el hecho de no hacer nada, también nos genera malestar y, llegados a este punto, es donde caemos en el oscuro laberinto de las excusas. La lista es interminable, las tenemos “a gusto del consumidor”, de todos los “colores, tamaños y formas”; de hecho, somos mucho más creativos y productivos ideando pretextos para justificar nuestra pasividad que creando planes para obtener lo que deseamos.

¿Quién no ha dicho alguna vez “si… pero…”? (“me encantaría cambiar de… / tener… / conseguir…/ dejar de…/ pero… es tan tedioso / requiere tato tiempo / salgo tan cansado de trabajar / estoy tan ocupado/a / ahora no es el momento / no puedo / no soy capaz, etc., etc., etc.”)

Y, lo peor, muchas de estas excusas están disfrazadas de las mejores intenciones y, otras veces, establecemos metas pequeñas, que se supone son pasitos para alcanzar una meta mayor y las transformamos también en excusas o las convertimos en pre-requisitos imprescindibles e insalvables para lograr nuestro objetivo, ya no estamos hablando de “una meta previa para”, sino de un freno que nos impide que vayamos en busca de lo anhelado: son los “cuándos” (cuando… …tenga, …me den, …me digan…, esté…). ¡Ay los “pero” y los “cuando”, cuánto nos paralizan y retrasan!

Es otra manera de engañarnos a nosotros mismos creyendo que estamos haciendo algo para ir a por nuestros sueños cuando, en realidad, simplemente tenemos un terror indescriptible.

Y, después, en nuestra mente, encontramos y confirmamos todas las razones por las cuales es tan inteligente quedarnos con los brazos cruzados ¿o no?

¡Basta de excusas! Perdemos muchísimo más tiempo y energía pensando en todo lo malo, que actuando y demostrándonos a nosotros mismos lo equivocados que estábamos.

Hay cosas sobre las cuales carecemos de control, bien, pues concéntrate en actuar sobre lo que sí puedes cambiar. Puedes cambiar tu manera de pensar, puedes luchar y vencer tus miedos, dudas y debilidades, aprender a amarte y respetarte más, a ser más paciente, etc.

Comienza actuando hoy, haz algo por ti mismo/a. Olvídate de los pre-requisitos, las excusas y los contras, los “pero” y los “cuando”, si deseas algo ¡ve a por ello!, simplemente hazlo.

Es cierto, requiere esfuerzo y renuncia pero una vez que logres lo que quieres todo lo que has invertido no va a importarte lo más mínimo ¡habrá valido la pena!

Maribel Salvo
Vicepresidenta de LMQA y Psicóloga

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