Una enfermedad o dolor crónico suele llevar consigo, además, un difícil diagnóstico, una etapa de exámenes médicos y esperas que lleva al paciente a enfrentarse a una serie de incertidumbres que le generan ansiedad: «¿qué me pasa?, ¿va a ser siempre así?, ¿hay alguna solución?» Estas son algunas de las preguntas que cualquier persona se hace ante una situación en la que comienza a sentir un cambio físico que le produce sufrimiento. La falta de control y la falta de un diagnóstico claro puede llevar a la persona a sufrir una depresión.

Una vez diagnosticada la enfermedad crónica, el pensar que «es para siempre» también puede crear ansiedad, sensación de tristeza y desilusión. Supone un golpe duro para cualquier persona, ya que eso implica adaptarse a una situación antes desconocida, cambiar hábitos, aprender a gestionar diferentes situaciones y la obligación de sacar el máximo partido a sus recursos. Pero, por otro lado, la persona también siente cierto alivio al saber qué le pasa realmente.

Los enfermos crónicos pasan por un duelo por la pérdida de salud y consiguiente pérdida de calidad de vida, lo que les obliga a pasar por diferentes etapas en las que no se sienten bien emocionalmente, como puede ser una fase de rabia, desánimo o tristeza, pudiendo llegar a la depresión y desenlaces fatales si no se trata adecuadamente.

Todos estos síntomas de ansiedad y los sentimientos de tristeza, impotencia o frustración, están íntimamente relacionados, en el caso de las personas con una enfermedad crónica, a su estado de salud físico. Es decir, que si físicamente la persona se siente bien y tiene una buena calidad de vida, mejorará su estado de ánimo.

Para aquellos que están pasando por el proceso de ser diagnosticados de alguna enfermedad crónica, es importante no tener miedo a pedir ayuda, y saber dónde buscar información y apoyo.

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