A los 28 años, Maricela sufría de depresión, nerviosismo y tenía la familia destruida. “Era un infierno, no era feliz en ningún área de mi vida. Mi madre tenía problemas en la columna, apenas podía caminar, y mi padre era alcohólico”, cuenta.

La joven recuerda también que cualquier cosa era motivo para llorar. “Era un vacío que con nada llenaba. Ni relaciones, nada aliviaba aquel vacío. Aparentemente, todo iba bien, pero sólo yo sabía que dentro de mí había una angustia profunda. También había complejos de inferioridad: me sentía incapaz de hacer las cosas y no creía en mí misma. Me sentía derrotada”, relata.

NUEVA VIDA
No fueron pocas las veces que Maricela pasó las noches en vela. “Además de sufrir sonambulismo, a veces no podía dormir. En una ocasión, oí una voz muy fuerte en mi pensamiento diciendo que iba a morir. Luché toda la madrugada contra aquel pensamiento”, cuenta. El cambio de vida sólo fue posible cuando supo que había solución para sus problemas. Escuchó a un miembro del Centro Cristiano La Mano que Ayuda decir que su vida había cambiado a través de la fe. “Decidí ir y al poco tiempo de participar fui viendo los cambios en mi vida. Una vez libre de todos los males, de los complejos y de los miedos pude vencer los problemas y alcanzar la felicidad. Antes, deseaba la muerte, ahora deseo vivir y cumplir con mis objetivos”, concluye .

Maricela

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