Todos hemos pasado por situaciones dolorosas, tristes, amargas, duras… Esas difíciles circunstancias, han tenido una repercusión curiosa: Ha sido un momento de evolución, de renovación y de transformación. Te han servido para tomar un nuevo rumbo en tu vida y para obtener algo positivo (nuevas capacidades, apoyo de quienes no esperabas, fortalezas…)

Aunque resulte extraño, necesitamos pasar por esos arduos momentos para volver a poner cada cosa en su sitio, para recuperar habilidades, aptitudes, herramientas, etc. que habíamos enterrado y que nos ayudan a enfrentarnos a los propios miedos, pérdidas, soledad, debilidades…

¿Has oído hablar de gente que, tras haber pasado por penosas experiencias –accidente, enfermedad, despido, divorcio o desamor, situación límite, etc.-, afirman que ese contratiempo vital fue lo mejor? ¿Cómo es posible? Ese acontecimiento les ha hecho reflexionar, pensar de forma distinta, mirar desde otra perspectiva y cambiar sus prioridades… ¡Han asumido, aprendido y resurgido con otra fuerza, vitalidad y visión!

Es bueno dar la bienvenida a los cambios, esos que tanto te asustan: Aprender a renunciar a un estilo de vida, una relación, una amistad, una forma de pensar, una idea, un comportamiento, una costumbre. Nuestras “pérdidas” hacen sitio a lo nuevo, preparan el camino a lo que vendrá, mejor y más apropiado para nuestro presente.

Muchas veces, tienes que provocarlas tú mismo/a. Líbrate de todo aquello que “te pesa”: creencias, costumbres, limitaciones, miedos, dudas, tristezas… No dejes que te apenen los “no” que recibas, desprecios, des-plantes, rechazos, despedidas… Para evolucionar, desarrollar y renacer con fuerza, primero, hay que deshacerse de “la carga inútil” que tira de ti hacia abajo.

Maribel Salvo
Psicóloga y Vicepresidenta de LMQA

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