«Cuando llegué al Centro Cristiano de La Mano que Ayuda, era una persona más muerta que viva. Tenía muchos problemas de salud, pues sufría con gastritis, tenía citas con psiquiatras y psicólogos, siempre tomando fuertes medicaciones.

Además, era una persona muy triste y angustiada que, aun sin motivo aparente, lloraba mucho. Hasta que, un día, mi hermana me invitó al Centro Cristiano de La Mano que Ayuda. En aquel momento, yo estaba necesitando ayuda porque sentía un gran vacío, que no se suplía con nada a pesar de tener una vida familiar y financiera buena.

Después, mi hijo mayor se involucró en el mundo de las drogas y ahí fue la gota que colmó el vaso, pues yo no imaginaba que podía sucederme algo así. En ese momento, lloré mucho e incluso hice varias promesas para que Dios me ayudara, pero nunca vi ningún cambio. Por eso, también sentía un gran vacío y tristeza, pensaba que ni Dios me escuchaba

Quería ayudar a mi hijo pero no sabía cómo hacerlo. Lo peor fue que con 24 años él se quedó viudo. Al perder el amor de su vida cayó más en está adicción que estaba acabando con él. Fue una fase muy crítica y mi desesperación era cada vez mayor al no encontrar la salida.

PODER
«Pero poniendo en práctica lo que aprendí en el Centro Cristiano La Mano que Ayuda, Dios me guió para actuar con sabiduría y poder ayudarle de la mejor manera.

Hasta que, finalmente, un día, él me acompañó a una reunión y todo empezó a cambiar. Él comenzó a alejarse de las malas compañías y de las drogas.

Ahora, mi hijo es un hombre transformado, pues volvió a formar una familia, y en el ámbito económico, abrió dos empresas que crecen día a día. Luché mucho, pero de hecho y de verdad, vi el poder de Dios actuar en su vida y en la mía.

Hoy, también soy una persona realizada, pues aquel vacío que sentía, desapreció y fui curada de todas las enfermedades.

Ahora, tengo una vida nueva, con paz, amor y mucha fuerza para vencer y alcanzar cada uno de mis sueños.»

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