Según el estudio de la Asociación Americana de Psicología, el aislamiento social aumenta el riesgo de muerte prematura en un 50%, mientras que la convivencia social puede prevenir el riesgo en la misma proporción. Por su parte, la obesidad agrava el riesgo de muerte antes de los 70 años en un 30%. “El ser humano es social por naturaleza. Cuando está privado de relaciones satisfactorias con otros seres humanos, necesariamente, eso interfiere negativamente en su salud mental.

EL INDIVIDUALISMO

“En el caso de las grandes ciudades, a pesar de la proximidad física de miles o millones de personas, la vida se caracteriza por un ajetreo diario, en la que las personas dejan de prestar atención al “otro”, concentrándose de forma exclusiva en sus actividades y en su mundo individual. Muchas veces, se pierden hábitos de convivencia, lo que nos hace estar “solos, rodeados de extraños”.

LA CURA

El responsable del trabajo del Centro, en su blog personal, afirma que sólo Dios es capaz de acabar con la soledad de alguien, añadiendo que, por no conocer las disciplinas del Reino de Dios y no obedecerles, las personas acaban por no conocer nunca el verdadero amor. “Por priorizar sus deseos individuales, trillan el camino del dolor y de la soledad. Desean ir más allá, pero des-precian lo básico, lo esencial”, aclaró. Explica, una persona no puede ser solitaria cuando Dios es su compañero. Por más que esté desatendido de otras personas, alguien que lleva a Dios consigo nunca se sentirá solo, pues sabe que tiene un amigo 24 horas al día. Esto no quiere decir que el hombre debe vivir aislado, sino que es de funda-mental importancia estar bien consigo mismo y, principalmente, con Dios, pues así nunca le faltará compañía. Estando bien con Dios, Él se encargará de conducirlo a una vida lejos de la soledad.