Inés era una joven que, a la vez que sentía un vacío inmenso, vivía llena de complejos, era agresiva y triste; todo debido a los problemas que presenciaba en casa. “Había muchas discusiones y agresiones en mi casa. Vi varias veces a mi padre intentar suicidarse, lo que generaba en mí un miedo enorme a estar en casa y , sobre todo, a estar cerca de él. Sentía odio hacia mi padre, sólo quería que se muriese y, para esconder todos estos sentimientos, me fui con malas compañías, empecé a fumar, a tomar drogas y a salir por la noche, sin que mis padres lo supiesen. Les mentía mucho, faltaba a las clases y tenía un mal comportamiento en el colegio, llegando a agredir a mi hermana mayor”.

DEGRADACIÓN TOTAL

Además de estar extremadamente enganchada a la pornografía, Inés, empezó a robar, junto a sus amigas, y a salir con varios chicos.

“Tuve varias relaciones y, todas, frustradas. Sentía rabia hacia mi misma y me venían pensamientos de que acabase con mi propia vida” – confiesa.

La realidad de Inés es que vivía bajo el estigma del miedo, porque estaba dirigida por el rencor que sentía hacia su padre, estaba enganchada y afirma sin rodeos: “No me gustaba yo misma…”

Entonces, la solución llegó de donde ella menos esperaba.
“Estando en el fondo del pozo, empecé a ir al Centro de La Mano que Ayuda y, fue en ese lugar, donde mi vida cambió por completo. Hoy, además de amarme a mi misma, no me siento vacía, acomplejada, ni tengo vicios. Puedo decir que amo a mi familia, tanto a mi padre como a mi madre. ¡Mi vida fue totalmente transformada! Inés Méndez.